8 de febrero de 2012

Y me miras, y te olvido.

Mirar a una persona y no reconocerla.
Ya no es el mismo olor a vainilla ni el mismo lugar de encuentro. Ahora son miradas a lo lejos de desconocidos que se creen conocidos porque un día intercambiaron abrazos. Ya no la recuerdas por una canción, ni por su mirada, esa que al observarla perdías el sentido sin darte cuenta. Pasaste a recordarla por los recuerdos y no por el hecho de existir. La miras. Te mira, agacha la cabeza y hace una mueca de desprecio. Giras la cabeza y ves de frente a la realidad con el velo que creíste que no hacia falta correr, dejando los recuerdos para un futuro.
Su risa, su piel, su voz, sus besos y abrazos pasan a segundo plano, olvidandolos. Ahora lo que se estila son las voces de ultratumba y los secretos. Y la miro y recuerdo una promesa. Vuelvo al mundo real y lo asimilo. Con ansias de respuestas, Con añoranza, mucha añoranza, a lo que fuimos, a lo que somos .... a lo que seremos.

1 de febrero de 2012

No nos gusta tener una cosa y a la vez perder la otra, pero lo cierto es que casi todo en la vida consiste en eso, ganar perdiendo.

Las palabras se me apartan, me vacían las entrañas.

Recuerdo que al llegar ni me miraste, sólo fui una más de cientos y, sin embargo, fueron tuyos los primeros voleteos.

29 de enero de 2012

El pasado, nunca se olvidara de ti del todo.

Cuando recuerdas el pasado, pueden pasar varias cosas. Una de ellas consiste en intentar encontrar respuesta a   la forma en la que cada uno de ellos, te miraban de arriba a abajo para intentar descubrir como eras, sin saber tu misma hasta donde podrias llegar. También puede ocurrir que sonrías al recordar la primera vez que te abrazaron sintiéndote la gran persona que nunca creíste ser. La conciencia se te puede ensuciar al recordar las cosas incorrectas que no podías dejar de hacer. Tus ojos se pueden llenar de lluvia al recordar la primera y no ultima traición, las mentiras descubiertas y los abrazos llenos de falsedad y suciedad. Tu cabeza se hincha y tu boca explota al encontrarte con la hipocresía de frente, diciéndote lo guapa que estas, lo mucho que te ha echado de menos, lo mucho que te quiere y las ganas que tiene de estrecharte de nuevo en sus brazos y ahí es cuando deletreas cada una de sus letras, empezando por la H y finalizando por la A, clavando la mirada de hielo y petrificando una por una sus venas. Mejor opta por relajarte, intentando no escuchar al ángel del lado derecho del hombro, ni al demonio del izquierdo. Recuerda que ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo.